SEATTLE, EPITOME DEL CAPITALISMO

 

Una visita a Seattle, en el Estado de Washington, ayuda a entender las razones por las cuales se está uniendo el mundo para globalizar la solidaridad contra el nefasto neoliberalismo. En este floreciente puerto sobre el Pacífico que adquirió notoriedad mundial con motivo de las manifestaciones contra las políticas neoliberales de la Organización Mundial del Comercio, son visibles las consecuencias del sistema económico neoliberal que beneficia a las multinacionales y deja una estela de pobreza.

Allí tienen su sede grandes corporaciones como Boeing, Microsoft, Amazon.com, Starbucks, SAFECO, una de las compañías de seguros más grande de los Estados Unidos. Con el empuje de la economía americana y la ingente riqueza que generan las multinacionales, uno esperaría ver un bienestar generalizado. No es así. De hecho allí vive Bill Gates, el hombre más rico del planeta, cuya mansión es atractivo turístico, en contraste con el creciente número de los sin techo, que duermen en aceras, carpas y debajo de puentes; el valor de los arrendamientos se ha duplicado en los últimos dos años, absorbiendo hasta el 80 % de los ingresos de la clase media y baja obligada a hacinarse en cuartos que alquilan a razón de un mínimo de 400 dólares por habitación; pululan los almacenes "thrifty" donde puede comprarse ropa usada. Son numerosos los mendigos que asedian en las esquinas. Se les considera dementes, excusa que se generalizó después de que el presidente Reagan, en su empeño de achicar el Estado, cerró los asilos para que los pacientes se defiendan a merced de la caridad pública.

En cuanto el empleo, si bien es cierto que florece en una economía de abundancia, ve uno gente ampliamente calificada desempeñando oficios serviles. El dinero apenas les alcanza para sobrevivir.

Y no podía faltar una de las características del capitalismo decadente entregado a las drogas. Seattle se ha convertido en una de las cinco ciudades de los Estados Unidos más afectada por este vicio con altos índices de muertes por sobre dosis. En la plaza Pike, meca del turismo, está también una de las mecas de la droga, el Blade, uno de los mercados de heroína al aire libre más grandes de la ciudad. También abundan los drogadictos que recorren Broadway en Capitol Hill.

Ante la importancia de sus multinacionales y la riqueza que crean para unos pocos, no es de extrañar que esta ciudad haya sido escogida por la OMC para celebrar sus deliberaciones, y que también haya sido la cuna de un gigantesco movimiento de protesta que puso también en jaque a los flamantes ministros de finanzas que se congregaron en la sede del Banco Mundial en Washington para la asamblea semestral del FMI y del Banco Mundial.

También se oirán sus protestas en Ginebra durante la Cumbre de las Naciones Unidas en junio sobre la financiación del desarrollo; en Japón con motivo de la reunión del grupo de los siete en Okinawa en julio, y cuando se reúnan las convenciones para escoger al candidato republicano y demócrata en el otoño.

Porque la fosa entre los pocos extremadamente ricos y los que van cayendo bajo el nivel de la pobreza se hace más profunda, comenzando por le país más rico del mundo en épocas de mayor bonanza de su economía. Colprensa, Gustavo Pérez Ramírez, gperezr@uio.satnet.net

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